martes, 5 de abril de 2016

El Ritual del Buitre - Fernando Ruiz Granados


La Ultima Aventura a Través del Espejo 
y lo que Alicia Encontró Allí


Alicia había despertado.  Se incorporó en el diván y escuchó atenta el lejano y tenue lamento de campanas que le tría el viento de la tarde. Su mirada voló como una mariposa y se agitó con cada eco sobre los arabescos dorados del techo.  Fue contando cada campanada, conteniendo la respiración a la espera de los demás toques.
     Mirar el cielo raso de la gran sala producía en su corazón una enorme sensación de vértigo.  Temía despegarse del diván donde descansaba y estrellarse indefensa contra el techo.
     Una pausa más y esperó casi con angustia la siguiente campanada.
     -Cin...co -dijo-.  Es la hora del té.
   Miró atentamente a su alrededor, haciendo un cuidadoso inventario de todos los objetos que vía en el salón, temerosa de que alguien, aprovechándose de su sueño, hubiese robado alguno.  Su pecho exhaló un leve suspiro, ahí estaba todo; los gatos jugando sobre la alfombra, enredándose con el estambre, aquel reloj que nunca dejó de cifrarle el tiempo, el mullido sillón de terciopelo frente al fuego de la chimenea y lo más importante: el espejo.
     Poco a poco, las turbias aguas de sus recuerdos se iban aclarando en su memoria y el sueño surgía rutilante como un cristal recién lavado.  Le pareció vivir una vez más las aventuras que pasara en la Casa del Espejo, ver de nuevo a los animalitos que en ella conociera.
     Se levantó del diván y caminó hacia el espejo, deteniéndose ante el como ante la puerta de un mundo de fantasías maravillosas.   Le era imposible olvidar la manera en que el cristal empezara a disolverse entre sus manos, como si fuera una bruma plateada y brillante.
    -¿Y si todo hubiese sido verdad? -se preguntó.
     Hasta ese momento descubrió que sus ensoñaciones tenían alterados de tal manera sus sentidos, que no había notado la ausencia de su reflejo en el espejo.  Aquello la llenó de temor, no verse en el fondo del espejo le daba la sensación de haberse convertido en un fantasma.   Todo tenía una apariencia real pero, ¿acaso no todos los sueños la tienen?
     -De cualquiera modo -pensó-, sólo hay una manera de saberlo.
     Resuelta, corrió hacia el espejo y sintió cómo éste decía ante su impulso.  Al momento de atravesarlo tuvo la impresión de que su cuerpo había disminuido de tamaño, todo era ahora más grande.
     Descubrió asombrada un hermoso jardín, igual al de las Flores Vivas y antes de tocarlas le pareció sentirlas.  Entonces tuvo la certeza de que todo había sido verdad, de que eran ciertas las aventuras que un día, hace ya 20 años, disfrutara por primera vez en ese mundo de ensueños al que ahora regresaba.   Ya no le importaba que nadie creyera jamás en sus fantasías.
     El tiempo parecía más denso.  Dichosa, vio un tablero de pequeños mosaicos.
     -El ajedrez -pensó.
     Y un instante más; la obscuridad, cual si hubiese contado la última campanada y continuase durmiendo.  Más tarde, un par de pequeños hombrecillos regordetes, iguales a dos huevos, la encontraron.  A ninguno de ellos le sorprendió descubrirla ahí.  Los demás, apresados cada uno en sus fantasías, tal vez ni se fijaron en ella.
     Nadie se preguntó tampoco, el por qué se arrojó Alicia desde la ventana.

 
Cuento breve del libro "El Ritual del Cuervo" del escritor mexicano Fernando Ruiz Granados.


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